Este blog es para el desahogo de un ciudadano que está cansado de que nos cuelen tantos engaños a casi todo el mundo. El único consuelo que me queda por ejercer es el de decir en voz alta "A MI NO ME ENGAÑAN".




Ya está disponible el ensayo
"Las Falacias que nos rodean", de distribución libre y gratuita.

domingo, 7 de mayo de 2017

Populismo y Demagogia



Tras las elecciones presidenciales de Francia de este mes de Mayo de 2017, entre Jean Marie Le Pen y Emmanuel Macron, no he podido evitar traer a colacion un articulo que forma parte de "Las Falacias que nos Rodean", y que reproduzco a continuación: 

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Esta falacia podría pensarse que es tan sólo un distractor, y de hecho lo es, pero es mucho más que un mero distractor. Es un insulto proferido con rabia por la casta contra todo lo que se le pueda oponer, y tiene una serie de connotaciones que la hacen merecedora de apartado específico.
No hay dos palabras más usadas en la actualidad política que “populismo” y “demagogia”. Las palabras más usadas no son desempleo, corrupción, emigrados, censura, puertas giratorias, rescate bancario o desahucios, no. Son “populismo” y “demagogia”.
A estas alturas no hace falta que diga que si esto es así es porque así interesa que sea. Primero, porque cuando se habla de esos conceptos, no se habla de lo que ellos no quieren que se hable, como el desempleo o la corrupción. Pero es que además, esas dos palabras son una etiqueta que sirven para criminalizar todo lo que no interesa, o más específicamente, todas las propuestas que, siquiera mínimamente, tratan de revertir o paralizar el latrocinio que está sufriendo el pueblo.
-          Si los ciudadanos vamos a compartir las pérdidas de los bancos, también queremos que se comparan los beneficios.
-          Nooo, eso es demagógico y populista
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-          Las penas por corrupción política deberían aumentarse, y no salir los culpables de la cárcel hasta devolver lo robado
-          Nooo, eso es demagógico y populista
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-          Habría que prohibir las puertas giratorias para reducir la corrupción política
-          Nooo, eso es demagógico y populista
*             *             *
-          Queremos poder autoconsumir nuestra propia energía.
-          Nooo, eso es demagógico y populista ILUSTRACIÓN 8
Todo aquello que se diga o proponga, y suponga una merma en los privilegios de los castuzos, y todo aquello que sea una pequeña defensa del patrimonio de las personas que aún no necesitan rebuscar en los contenedores y pueden comer tres veces al día, todo eso es demagógico y populista. Si perjudica a la casta, demagógico y populista. Cualquier medida de ahorro que permite que tú te ahorres un euro que en un principio ibas a gastar en una empresa del Ibex35, demagógica y populista. Si dificulta que un chorizo de guante blanco robe mil millones de euros, demagógico y populista. Si molesta a los ladrones, es demagógico y populista



Relacionado con este hecho está el que, si nos guiamos por los medios oficiales, la izquierda y la derecha no existen, sino tan sólo la extrema derecha y la extrema izquierda, así como el centro. Por supuesto, a todos los partidos que están en alguno de los dos supuestos extremos se les califica como partidos populistas.

Personajes tan distintos como Hugo Chávez, Donald Trump, Marine Le Pen, Varoufakis o Nigel Farage[1] reciben el calificativo de populistas. Estos personajes son muy distintos, pero hay algo que tienen en común. Sus propuestas, lleguen a buen puerto como en el caso de Trump y Farage, fracasen como en el caso de Varoufakis y Le Pen, o se queden a medias como en el de Hugo Chávez, son propuestas que perjudican al establishment imperante. Unos atacan a la austeridad europea que sólo consigue que cada vez haya más paro y la mano de obra sea más barata. Otro se opone al libre comercio con China, la gran exportadora de mano de obra barata. Otro propone supeditar el pago de la deuda a otras cuestiones más importantes como el que los seres humanos coman tres veces al día. Alguno hay que pretende salirse del euro y recuperar la soberanía monetaria.

Pero vamos a hacer un ejercicio de ser permeable a las advertencias sobre los supuestos peligros de los que se nos advierte desde el extremo centro. Admitamos que los populismos son lo más peligroso que le puede pasar a un país. Más peligroso que un paro desbocado, que perder la soberanía industrial y financiera, o que la gente pase hambre. Admitamos el supuesto de que son más peligrosos que la guerra. Si tan, tan peligrosos son los populismos, ¿entonces por qué el extremo centro no rectifica sus políticas austericidas, para así evitar que la gente vote a los populistas? De modo que en aquellas ocasiones en los cuales la gente vota lo que hay que votar, y gana el extremo centro por un 52% frente al 48% de los populismos, en ese caso la única reacción que se puede contemplar en los impopulistas de extremo centro es que descorchan una botella de champán para celebrar que tienen cuatro años por delante para hacer exactamente lo mismo que han estado haciendo, esas políticas que han llevado a un 48% de la población a votar a los populismos, sin rectificar ni cambiar absolutamente nada. Eso ha pasado en Francia, donde ha estado a punto de ganar la “extrema derecha” varias veces, y también en Austria en 2016 y en Holanda en 2017.




Luego, cuando al cabo de cuatro años se convocan de nuevo elecciones, vuelven a alertar de los populismos, la gente vuelve a picar, y ganan otra vez los impopulistas de extremo centro por un 51% frente a un 49% de los populistas. Entonces vuelven a descorchar otra botella de champán y siguen con sus mismas políticas de siempre otros cuatro años más. Por supuesto, de nuevo, no rectifican absolutamente nada de sus políticas.

Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe, y cuando en algún referéndum o elecciones, por un 51% gana la opción populista del Brexit, el populista de Trump, o los populistas de Syriza, los impopulistas de extremo centro se llevan las manos a la cabeza, y se preguntan sorprendidos, “¿cómo ha sido posible que venzan los populismos?” No se lo explican. Debe ser que aún le dura la resaca de las botellas de champán que descorcharon para celebrar sus victorias anteriores. Muy potente debe ser ese champán para provocar borracheras de cuatro años.
Volviendo otra vez sobre el supuesto de aceptar que la derecha y la izquierda a secas no existen, y sólo existen los extremos, en el fondo hay que reconocer que bien pudiera ser verdad.

Comencemos por la derecha. Dejando de lado si es lo correcto o no, y de críticas tópicas, la derecha se supone que es el conjunto de partidos y organizaciones que anteponen los intereses nacionales ante cualquier otra consideración. Empresas nacionales, cultura nacional, historia nacional… España lo primero. Desde luego, en España, parece que no hay ningún partido político que quiera defender la industria nacional. No conozco ninguno que tenga, al menos como concepto teórico en su programa electoral, la recuperación de la industria. Textiles, jugueteras, acereras… Y no sólo recuperar la que se perdió, o crear otras nuevas, sino al menos no fastidiar a la existente, a la que aún sobrevive. No hay un partido de derechas que decida dejar de comprar a los socios del ISIS, y acometa el objetivo de una España libre… libre de petróleo. Santiago y cierra España. Cierra España con nuestro sol y nuestro viento, dando trabajo a españoles gracias a la tecnología española con empresas españolas que pagan impuestos en España y reparten dividendos a los ahorradores españoles. No veo esa derecha. No existe.

Tampoco hay partidos que promuevan la divulgación de nuestra cultura, y por cultura no me refiero a torturar toros, me refiero a fomentar la lectura de Unamuno, de Pérez Galdós, a hacer películas sobre Bécquer o sobre Góngora, series sobre Quevedo o Lope de Vega o sobre Blas de Lezo. Todos hemos oído hablar de la derrota de Trafalgar, pero ¿Quién ha oído hablar de la batalla del cabo de Santa María[2]? La Historia española es ignorada, y se hace muy poco por promocionarla. La cultura general cada vez es menos valorada. Hay que darle más importancia a artes como la música, para que las orquestas sinfónicas que hay en España puedan nutrirse de intérpretes españoles. Se debería dedicar presupuesto, contratando gente e invirtiendo en material para poner a salvo los elementos culturales que día a día se van deteriorando. Cuando queramos darnos cuenta, habremos perdido nuestro patrimonio histórico. El pasado y la memoria se pierden más rápido de lo que parece.
En resumen, que igual los impopulistas tienen razón, y sólo hay extrema derecha, y no derecha a secas. Al menos en España.

Y ahora vamos con la izquierda. Procediendo igual que con la derecha, y prescindiendo de ataques tópicos y sin entrar en si es lo bueno o no, sino centrándonos en su definición para identificarla, se supone que para la izquierda la clase trabajadora es lo importante y a ella debe supeditarse el capital. Las fronteras son algo secundario. Según el nivel de profundidad al que se aplique esta idea tendremos socialismo, comunismo o anarquismo, pero todo ello es izquierda.

Sin embargo, la izquierda española anda en otras cosas. La independencia de Cataluña (que no es otra cosa que crear una nueva frontera), el lenguaje de género… todo eso son cuestiones accesorias. Lo prioritario es aplicar políticas de creación de empleo, de devolución de derechos a los ciudadanos, a los trabajadores, que es el pilar de la izquierda. Lo secundario no debería ocupar mucho tiempo.
Respecto a la cuestión catalana, ¿Qué ganan los trabajadores de una Cataluña independiente, con un PIB recortado por la corrupción autóctona y con una sociedad civil catalana desmantelada y una clase trabajadora catalana empobrecida, en comparación con la sociedad civil española desmantelada y una clase trabajadora española empobrecida? Con la independencia, la izquierda no consigue su objetivo, que es mejorar la clase trabajadora. Quienes consiguen su objetivo son los nacionalistas catalanes.
Y con esto no digo que un territorio no tenga derecho a plantear que pueda ser independiente. Digo que de la independencia de Cataluña que se encarguen los nacionalistas, que para eso es su objetivo, y para eso suelen ser de derechas, porque recordemos lo ya dicho, la defensa de las identidades nacionales es el pilar de la derecha. La izquierda española yendo de la mano de la derecha nacionalista de Cataluña es algo que me resulta inexplicable, incoherente.

Para colmo si prospera una de las variantes de la independencia, según la cual la Cataluña independiente bien podría terminar siendo una monarquía, entonces eso ya directamente es un recochineo. Si esa opción tuviera éxito, igual terminamos viendo pancartas con la hoz y el martillo celebrando el nombramiento del primer monarca del Reino de Cataluña con su correspondiente pancarta: “El Partido Comunista del Ampurdán[3], con Artur I de Catalunya”.

Por otra parte, en aquellos casos en los que se pretenda gestionar un partido que no sea ni de derechas ni de izquierdas, sino en el que las personas puedan votar cada una de las opciones por separado, una viable política asamblearia a gran escala, cosa que defiendo, entonces que se promuevan votaciones donde todos los implicados puedan votar. Y en el caso de la independencia de Cataluña todos los implicados son todos los españoles, es algo así como un divorcio. Un matrimonio se divorcia si uno de los dos miembros quiere disolverlo, no sólo si quiere irse el que tiene el privilegio de romper la unión. O mirándolo en sentido opuesto, el matrimonio sigue adelante mientras los dos miembros así lo quieran.

Del mismo modo, España debe seguir unida mientras lo quieran tanto Cataluña como el resto de España. Si se duda que esa unión deba seguir adelante, por la existencia de indicios que inviten a pensar que una de las dos partes no quieres seguir con la unión, entonces habrá que preguntarle a Cataluña si quiere seguir unida al resto de España y también habrá que preguntar, y esto es lo que nadie se atreve a decir, si el resto de España quiere seguir unida a Cataluña. Porque igual sale en Cataluña que quieren seguir formando parte de España, y que el resto de España no quiere seguir unida a Cataluña, y esto habría que respetarlo, porque recordemos lo que dicen los nacionalistas catalanes, cosa que comparto, el resultado de un referéndum hay que respetarlo, incluso aunque la democracia se equivoque. En ese caso, aún con una mayoría de votos en Cataluña a favor de permanecer unidos, la unión nacional se rompería. Esta opción es muy distinta a lo que proponen los partidarios de la indivisibilidad de la nación, que dicen que referéndum no, y si se convoca, debería ser en una única circunscripción nacional, con cómputo global de ambas opciones.

Sé la respuesta estereotipo ante la propuesta que se hace en estas líneas, y es que ese sistema no está bien porque “no se puede echar a Cataluña como castigo o por odio”. Eso es doble moral o jugar con las palabras, quien plantee la anterior objeción es que piensa que Cataluña puede independizarse, pero España no puede echarla. Eso recuerda a las aberrantes leyes realmente machistas de épocas pasadas. El marido podía repudiar a la esposa, pero la esposa no podía abandonar el hogar. No usemos dos expresiones para un mismo fenómeno, que no es otro que la ruptura del país. Así pues, Referéndum sobre la independencia de Cataluña ya. Referéndum en toda España, eso sí. Y si una de las partes quiere decir adiós, pues se disuelven los lazos históricos que han mantenido unidos a los territorios y aquí paz y después gloria. Y partiendo de este condicionante, que los catalanes decidan si quieren votar a partidos nacionalistas que están a favor de que se produzca un referéndum, que de celebrarse se celebrará en toda España. Pero de eso, insisto, que se encargue la derecha catalana, que para eso está. La izquierda española y la catalana que se encarguen de defender los derechos de los trabajadores españoles y catalanes.

Y aquellos partidos que pretendan no ser ni de izquierdas ni de derechas, lo cual está bien porque implica el incremento del espectro político, como son los partidos asamblearios, que se encarguen de defender un modelo de participación donde en todos los asuntos de importancia puedan votar todos los afectados, no sólo una parte de ellos. Lo que no entre dentro de los anteriores supuestos, es incoherente.

Es posible que haya quienes piensen que “al menos la derecha española actúa de manera coherente en este asunto porque defiende la unidad de España”, pero a mi modo de ver, esto no es así. La derecha española, de ser coherente defendería la unidad nacional sin odio hacía ninguna de sus partes. Suena a chiste afirmar que “los catalanes son odiosos, no los quiero ver ni en pintura, y por eso Cataluña debe seguir siendo española, y los catalanes deben seguir siendo españoles”, y este mensaje es que el que destilan muchas personas de derechas. El ejemplo más claro es el boicot a los productos catalanes. Si sistemáticamente no compras ningún producto de allí, sea alimento, medicinas o música, ¿para qué quieres que siga formando parte de España? ¿Para fastidiarla, como en los culebrones donde el marido no concede el divorcio a la mujer para así impedir que se case con otro? Cuando algo no gusta, lo normal es tratar de expulsarlo de la vida. Retener lo que odias, no tiene sentido. Si lo odias, déjalo marchar.

Antes de seguir con los problemas que no son de los trabajadores, hago un pequeño inciso para hacer una predicción. Todo lo que se comenta aquí sobre Cataluña será interpretado por la gente de derechas como que estoy aportando excusas para romper España, a la cual dirán que odio. Por los independentistas catalanes seré acusado de catalanofóbico, por promover la expulsión de los catalanes. Y los lectores de izquierdas dirán que soy un aliado del PP disfrazado bajo una careta (con ésta última al menos podré reírme largo y tendido con todo aquel que me conozca bien).

Siguiendo con el hilo principal, todo lo dicho sobre la independencia de Cataluña, problema que no es de la izquierda, se puede decir de otros temas accesorios que entretienen a la izquierda. Nombres de calles, lenguaje políticamente correcto, e hipersensibilidad a lo que molesta, hipersensibilidad que por otra parte comparte con la derecha, parece que ambos bandos compiten por ver cuál es más susceptible. Los problemas principales siguen sin combatirse, sigue sin haber una izquierda que realmente se preocupe por el paro, por reindustrializar el país con un plan quinquenal, por ejecutar una buena reforma agraria que conceda tierras a los jornales endémicamente desempleados cuya única posibilidad de subsistencia pasa por cobrar el PER. No hay una izquierda que quiera mantener un Estado completamente laico, entendiendo Estado laico como aquel que no asume ninguna religión, no que asume una religión minoritaria. Cambiar los símbolos católicos por los islámicos no debe ser un objetivo de la izquierda. La izquierda debe promover un Estado Laico, con una educación laica y libre de símbolos religiosos de cualquier tipo. Hay por supuesto cosas más importantes que la laicidad de la educación y sería normal que no tuviera tiempo para este punto, por lo que la alternativa razonable sería no hacer nada, es decir, no promover que se quiten y por supuesto no promover que se añadan símbolos religiosos. Gastar energías en luchar porque se permita que entren a los colegios otros símbolos religiosos además de los ya imperantes es directamente una contradicción. Sin ser tan grave, gastar energías en que retiren la misa de la televisión es una ineficiente pérdida de tiempo, pues hay cosas más importantes. Más aun sabiendo cómo son los casposos nacionales, que usarán eso como una oportunidad de oro para reivindicar su casposismo. A veces parece que Pablo Iglesias y Mariano Rajoy se ponen de acuerdo para ver lo que va a decir cada uno, y asegurarse de que el otro va a contestar para así generar ruido en temas secundarios y estúpidos y no dedicarle energía a temas más importantes.

O no se hace nada para dedicar las energías a problemas más importantes, o se hace algo con la finalidad de evitar que no haya ningún signo religioso en los colegios, y para no dejar que entre ninguno más.

Un Estado laico, por si hubiera dudas, no está reñido con el ejercicio libre que cada persona quiera hacer de su espiritualidad, de manera que quien quiera delegar ésta en una religión, es libre de hacerlo, y quien quiera vivirla al margen de todas las religiones, también. Pero esta opción debe ser eso, una opción que cada cual decida, el Estado, el patrimonio y la administración de todos, y especialmente la educación, debe ser ajena a estas opciones.

Otra cosa que cansa de la izquierda es su obsesión con los temas de las minorías que ya tienen reconocidos sus derechos. El colectivo LGTB está totalmente igualado en derechos al resto de la sociedad, así que ahora los problemas de sus integrantes son otros. Esos derechos los reconocen las leyes de la nación, y la mayoría de la sociedad, salvo otras minorías excluyentes, que no son el ejemplo a seguir. El problema que tienen los gays y lesbianas no es que no puedan constituirse como pareja de hecho o matrimonio, cosa que ya pueden hacer, sino que una pareja de hecho de dos mujeres, por poner un ejemplo, no va a encontrar trabajo en el que pueda ganar más de 700 euros al mes, por-que-en-Es-pa-ña-no-hay-in-dus-tria-y-si-mu-cho-pa-ro-con-tra-el-cu-al-la-iz‑quier-da-no-ha-ce-na-da. ¡No es el heteropatriarcado, es el trabajo, estúpidos! Los objetivos logrados, logrados están. Ahora, a reindustrializar el país para crear puestos de trabajo, estables, bien remunerados y cualificados, como si fuerais la izquierda, y no en lo que os habéis convertido.


[1] Hugo Chávez fue elegido presidente mediante sufragio, en 1999, de la República de Venezuela. Donald Trump fue elegido presidente mediante sufragio, en 2016, de Estados Unidos, considerado el más claro ejemplo de capitalismo. Marie Le Pen es líder del partido Frente Nacional de Francia, partido que aboga por que Francia abandone el euro. Varoufakis fue ministro de Economía de Grecia y apostaba por una renegociación en que se tuvieran en cuenta cuestiones humanas, hasta que fue destituido por presiones de la troika comunitaria. Nigel Farage fue un político británico que apoyó el Brexit.
[2] La batalla del cabo de Santa María tuvo lugar en agosto de 1780, y supuso una gran victoria sobre los ingleses. Se sugiere leer alguna de las crónicas al respecto.
[3] La elección del PC del Ampurdán se hace con animus iocandi, en tanto en cuanto es posiblemente la comarca más conocida de Cataluña.

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